lunes, 8 de febrero de 2016

Oda al tomate ecológico

Cuando hablo con conocidos sobre mi macetohuerto siempre aparece la pregunta o el chiste de la producción. Que si hay que dedicar mucho tiempo para poco fruto, que si cuesta mucho mantenerlo, que no merece la pena... y muchos aspectos negativos más. Yo siempre les respondo lo mismo, que da igual lo que produzca, siempre recoges algo y es suficiente, que las niñas disfrutan recogiendo fresas con olor y sabor a fresas, que de vez en cuando nos comemos unos pepinos que saben a pepinos, que pruebas con frutas que normalmente no encuentras en las fruterías de aquí (physallis por ejemplo) y saben a lo que tienen que saber, que el tiempo que le dedicas no es tiempo perdido, es una terapia que te ayuda a despejarte, a desconectar, a dejar de pensar en los problemas que te acucian, que disfrutas esos momentos de siembra, trasplante y cosecha, que te enseña a ser ordenado, previsor, que aprendes las épocas de cada cultivo y cuando compras algo en la tienda sabes si es época o no de ese producto y de paso les enseñas a tus hijas que la fruta y verdura no nacen en la estantería de un supermercado o sale de la nevera.

Pero a lo que voy con esta entrada es que, cuando cultivas tus propios tomates, comes tomate de verdad, tomate madurado en la planta, tomate con sabor a tomate, con textura de tomate maduro, con olor a tomate y no una porquería que no sabe a nada, porque el agua no sabe a nada, con una textura que te rechinan los dientes cuando lo muerdes. Sí, he comprado unos tomates de pera enormes (ya sabía que no podían estar buenos, pero era lo que había) en carrefour y eran una broma pesada de un tomate. El precio, 0'99€ el kilo. No querría probar esos que venden a 2-3€ el kilo y tienen la misma pinta de ser de cámaras frigoríficas dentro de cámaras frigoríficas.

Un tomate pésimo que me recuerda por qué planto tomates cada verano. Aquí tenéis unas fotos del tomatito en cuestión:


Cuando recoges un tomate de tu mata de tomates, lo pones en la mesa, le hincas el cuchillo y empieza a derramar ese caldo de tomate, tienes que tener cuidado para que no se te desparrame por la mesa, y lo cortas en trozos, le echas un poco de aceite de oliva virgen extra y un poquito de sal y te lo comes, entonces sé por qué me gusta tener un macetohuerto, por qué me gusta tener tomateras en una terraza.

Como último apunte, el aceite de oliva virgen extra se negaba a entrar en contacto con el tomate de la foto.

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