Pero a lo que voy con esta entrada es que, cuando cultivas tus propios tomates, comes tomate de verdad, tomate madurado en la planta, tomate con sabor a tomate, con textura de tomate maduro, con olor a tomate y no una porquería que no sabe a nada, porque el agua no sabe a nada, con una textura que te rechinan los dientes cuando lo muerdes. Sí, he comprado unos tomates de pera enormes (ya sabía que no podían estar buenos, pero era lo que había) en carrefour y eran una broma pesada de un tomate. El precio, 0'99€ el kilo. No querría probar esos que venden a 2-3€ el kilo y tienen la misma pinta de ser de cámaras frigoríficas dentro de cámaras frigoríficas.
Un tomate pésimo que me recuerda por qué planto tomates cada verano. Aquí tenéis unas fotos del tomatito en cuestión:
Cuando recoges un tomate de tu mata de tomates, lo pones en la mesa, le hincas el cuchillo y empieza a derramar ese caldo de tomate, tienes que tener cuidado para que no se te desparrame por la mesa, y lo cortas en trozos, le echas un poco de aceite de oliva virgen extra y un poquito de sal y te lo comes, entonces sé por qué me gusta tener un macetohuerto, por qué me gusta tener tomateras en una terraza.
Como último apunte, el aceite de oliva virgen extra se negaba a entrar en contacto con el tomate de la foto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario